El museo japonés (1996)

Un público mayoritariamente juvenil entra en el Museo del Cante Hondo, construido en Tokio por Eikichi, donde tienen cabida su Laboratorio de Investigaciones Acústicas, algunos espectáculos y docenas de vitrinas, pantallas y monitores en los que es posible contemplar objetos y grabaciones históricas de las mayores figuras del cante. Uno de los visitantes se coloca un casco para introducirse en el “museo virtual” y descubrir así los orígenes y evolución del flamenco, mientras se discuten los problemas que plantea la comercialización a gran escala, tanto en forma de espectáculos públicos como a través de discos y otros avances técnicos.