Octavia (2002)

Tras las últimas convulsiones, desacreditadas las utopías y devaluados los derechos humanos, de acuerdo con el nuevo orden global de los mercados, Rodrigo, ante los indicios de una nueva caza de brujas, se ve obligado a refugiarse en la antigua dehesa familiar, de cuya estirpe abjurara cuarenta años atrás. Toda una vida enrolado en cuantas causas liberadoras, pacifistas o de acción violenta, han pretendido reordenar los desequilibrios de posguerra. Intenta abordar en un simposio en la Universidad de Salamanca, su ciudad, los excesos de un militarismo que escapa a cualquier jurisdicción constitucional.

“Extraños caminos de perfección, -reflexiona- para terminar de políticos profesionalizados”. Otra vez tiempos de perplejidad.

Reincorporado a las raíces del clan histórico, apenas reconocible ya, Rodrigo tendrá que asumir su pasado y los desarreglos pendientes: Manuela, hija del azar, a la que no conocía, secuestrada en Colombia como religiosa misionera. Y, especialmente, Octavia, fruto de aquella aventura sorprendente, al margen de todas las convenciones, atrapada entre un pasado familiar, fanatizado, y un futuro no menos inquietante, que reclama su derecho a vivir de un modo diferente.