Entradas etiquetadas: Carmen y la libertad

(…) El relato supuestamente documental de un acontecimiento pretérito (aquí: el frustrado intento de un montaje de “Carmen”, la ópera de Bizet) sirve como marco narrativo para desarrollar otros discursos internos no menos apasionantes y, por lo general, más decisivos.

El primero de todos, la interpretación del mito: la visión romántica frente a la lectura contemporánea, la imagen tópica frente a la realidad histórica. Carmen como símbolo de la lucha de la mujer andaluza por la libertad personal o Carmen como abanderada de causas sociales. Carmen como impulso vital, producto genuino de una época concreta, o Carmen como cliché para exportar una visión tópica y reductora de la mujer española. Este es el debate argumental de la película: lo que discuten entre sí el director de escena (Stephan Lupasko, un prestigioso y veterano creador centroeuropeo, contratado para dirigir la representación en el auditorio de la Expo sevillana de 1992) y sus colaboradores, entre los que se halla la joven española Berta, quien concibe a Carmen como adalid de la libertad absoluta.

(…) El segundo discurso se desdobla del primero y afecta a la discusión sobre los medios y sobre las posibilidades creadoras que ofrece la exploración, a través de imágenes infográficas, de las maquetas, bocetos y demás instrumentos escenográficos útiles para avanzar en los ensayos del montaje. La creación de figuras y decorados virtuales, con la consiguiente estilización de la puesta en escena que el procedimiento lleva consigo, se mezcla así con imágenes reales de otras representaciones anteriores, con documentos históricos, pictóricos y arquitectónicos propios de la época que se investiga.

La libertad imaginativa que posibilita la tecnología digital y el desafío creativo que, amparándose en esta última, pone en marcha el director de escena corren aquí en paralelo, una vez más, con la libertad ficcionadora de Patino al construir su película, y con el reto implícito que supone, frente al modelo dominante de ficción televisiva, el proyecto global de Andalucía, un siglo de fascinación. De ahí que le director de Madrid acabe por desnudarse, casi al completo, cuando registra el diálogo final entre el anciano director de escena –apartado del proyecto por la audacia innovadora de sus propuestas- y uno de sus ayudantes, con el que aquel se confiesa a tumba abierta.

“¿A quién se le ocurrió hablar de la libertad del artista?”, interpela Lupasko a su joven colaborador, mientras se ríe con la lucidez serena de quien se sabe derrotado y al final del camino, poco antes de que el cierre del capítulo nos informe –con intencionada ironía- de que Berta quedó traumatizada por la experiencia al haberse convertido para ella la libertad en una “atadura esclavizante”. Reflexión y exorcismo a partes iguales, Carmen y la libertad es evidentemente un juego, pero también una estremecedora indagación de Patino en la propia naturaleza de la libertad creativa como medio o como finalidad.

Contratado por el Consorcio Andalucía Ópera, el conocido y polémico director de escena Stephan Lupasko llega a Sevilla para organizar un montaje especial de la obra de Bizet como “representación más emblemática de la ciudad”. Las peripecias del montaje, complicadas cuando Lupasko es internado en un hospital suizo, consciente de que padece sida en fase terminal, permiten la revisión del mito de la mujer andaluza, partiendo de un montaje innovador, a base de imágenes “virtuales” y con recuperación y reinterpretación de fragmentos de otros muchos montajes y versiones cinematográficos.